dietas Ricas en proteína, sin hidratos de carbono ni grasas
En general, la reducción del valor calórico de la mayor parte de las dietas de adelgazamientov consiste en una limitación de su contenido en grasas, seguido de los hidratos de carbono, por lo que la mayor parte de dichas dietas tiene un porcentaje de proteínas superior a las dietas habituales. Pero, en concreto, hay un grupo de dietas que aportan cantidades más elevadas con objeto de evitar pérdidas de proteínas corporales.
Se basan en el mayor efecto saciante de las proteínas e incluso en la posibilidad de que su exceso provoque la supresión del apetito al producir una movilización de cuerpos cetónicos. En general, los únicos alimentos permitidos son las carnes y pescados a la plancha junto con ensaladas y verduras. Pueden afectar al hígado y al riñón produciendo una sobrecarga.
Dentro de estas dietas podemos mencionar: régimen de Scardale, dieta de Hollywood, de Cooley...
Régimen de Scardale
Inventada por el cardiólogo Hermann Tarnower, de Scardale, en el Estado de Nueva York, es una dieta en la que principalmente se eliminan las grasas. Se apoya en el consumo proteico y es, por tanto, un dieta hiperproteica a base de carne magra, frutas y verduras y, que prohíbe leche, pan, arroz, patatas y dulces. No se puede usar aceite como condimento; está totalmente prohibido el alcohol, leche o zumos de frutas; entre horas, se pueden tomar sólo zanahorias y apio en la cantidad que se desee; no se debe consumir patatas, pasta o pan común, dulces ni helados; el café y té se deben tomar sin azúcar.
PERMITIDOS
· Carnes magras: pollo –sin piel-, pavo, cordero, vaca y ternera.
· Huevos
· Pescados, blanco o azul: asado, cocido o, “incluso”, frito, si se
hace con poco aceite.
· Marisco
· Rábanos, pepino, lechuga, berros, endibias, tomates, escarola,
espárragos y espinacas.
· Cítricos
PROHIBIDOS
· Todas las frutas que no sean cítricos: manzanas, plátanos, peras,
uvas, melocotones, fresas,…
· Embutidos: chorizo, salchichón, lomo, mortadelas, chopped,…
· Legumbres: garbanzos, lentejas, alubias.
· Chocolate, dulces, azúcar,…
· Aceites, mantequillas, margarinas,…
Dieta Cooley
Permite el consumo de gran cantidad de proteínas, pero pocos hidratos de carbono y, a ser posible, nada de grasa lo que eliminaría el aporte de los ácidos grasos esenciales. La dieta contiene menos de 750 kcal durante 10 días, de las cuales el 50% provienen de las proteínas.
Dieta de la USP (Universidad de Sao Paolo)
A pesar de tener este nombre, dicha universidad no confirma la autoría de esta dieta. Se recomienda seguir una determinada combinación de alimentos durante dos semanas. Es una dieta con un elevadísimo contenido en proteína y apenas hidratos de carbono, así el jamón, los huevos y el café son los tres principales ingredientes.
Dieta de la Zona
Dieta hiperproteica, con un aporte limitado de hidratos de carbono. Existe un plan individualizado para la persona según su actividad física y su porcentaje de grasa en el cuerpo. El 40% de las calorías deben proceder de hidratos de carbono, 30% de grasas y 30% de proteínas.
Dieta de la proteína líquida
Esta dieta, que en Estados Unidos ocasionó más de 60 muertes, se basa en el consumo de una sustancia obtenida de la piel de vaca (hidrolizado de proteínas). La hidrólisis de proteínas da lugar a la liberación de los aminoácidos, pero una hidrólisis ácida destruye aminoácidos esenciales como el triptófano. No se sabe la causa certera de las muertes pero alteraciones, principalmente cardíacas, precedieron a las mismas.
Dieta de los astronautas
Esta dieta se hizo famosa a principios de los años 80. Es una dieta en polvo hiperproteica que se complementa con tabletas y polvos de vitaminas y minerales.
Dieta de la última oportunidad
Otra dieta hiperproteica, peligrosa, es la conocida como “the last chance diet” (la dieta de la última oportunidad), es muy parecida a la anterior y popularizada en América en los años 70, produjo al menos 46 muertes y aunque no fue posible determinar la causa concreta, si se encontraron alteraciones del ritmo cardiaco, taquicardias y fibrilaciones auriculares.
Realmente, se ha demostrado que las dietas hiperproteicas causan una supresión del apetito debido a la movilización excesiva de grasa y a la formación de cuerpos cetónicos. También se ha demostrado que el elevado efecto termogénico de las proteínas, así como su bajo coeficiente de digestibilidad, reduce las calorías netas utilizables del alimento si se comparan con una dieta equilibrada del mismo contenido calórico. Este efecto producido por la ingestión proteica es debido principalmente al proceso digestivo así como a una energía extra requerida por el hígado para la metabolización de aminoácidos. Aunque desde este punto de vista las dietas hiperproteicas podrían ser válidas, es necesario tener en cuenta otros muchos factores: sobrecarga renal, riesgo potencial sobre el hígado, aumento de los niveles de ácido úrico y depósitos de cristales en las articulaciones, desbalance electrolítico o pérdida del tejido magro. Además, está demostrado que en mujeres postmenopáusicas se podrían acompañar de una disminución en la absorción de calcio, lo que podría contribuir a aumentar el riesgo de osteoporosis. Por otra parte, estas dietas, al disminuir al máximo el consumo de grasa se pueden considerar como poco placenteras.
Finalmente, una dieta hiperproteica y a la vez hipercalórica no tendría ninguna utilidad en la pérdida de peso pues el exceso de proteínas se transforma en grasa en el hígado y se almacena en los depósitos adiposos, es decir, también contribuyen a un aumento de peso, efecto contrario al que se busca con ellas. En resumen, puede afirmarse que no existe ningún experimento serio que demuestre que la cantidad de grasa perdida dependa de la composición y no del déficit calórico de la dieta.
Una estudio, recientemente publicado (Sacks FM y col 2009), sobre el efecto de las dietas con diferente proporción en lípidos, hidratos de carbono y proteínas confirma todo lo anteriormente indicado, no encontrándose diferencias significativas en ningún caso.