Tener un niño que come mal es un suplicio para los padres, que además suelen obsesionarse con la dieta infantil, pese a que los pediatras aseguran que su salud, a poco que ingieran, no corre peligro mientras su peso y talla sean los normales para su edad. Hoy día, salvo en los países subdesarrollados, es muy improbable encontrar niños desnutridos. Así que en ese sentido, no hay que temer por su salud.
Pero también hay que ponerse en el lugar del pequeño malcomedor: muchas veces, utilizan la hora de la comida para llamar la atención, y cuanto más note nuestro esfuerzo y preocupación en que deje el plato limpio sin rechistar, más se empeñará él en cerrar la boca. Otros, reducen su menú a los consabidos macarrones con tomate, el pollo o cualquier otro alimento que se convierte casi en su dieta exclusiva. Para todo hay soluciones y trucos.
Para empezar, hay que tratar de disimular la frustración que nos produce su conducta, felicitándole más bien cuando come bien o prueba algún alimento nuevo. Incluso puedes darle una pequeña recompensa cuando toma cosas nuevas: una pegatina, unos cromos… Que la hora de la comida no sea un suplicio, sino un momento positivo, al fin y al cabo, comer es uno de los placeres de la vida. Si no haces caso a sus rabietas, verá que no tienen ninguna utilidad y dejará de montar el número todos los días. Comer en familia, desviando el foco de atención sobre el niño hacia conversaciones distendidas también hará que no asocie este momento con algo desagradable.
Si les dejamos ayudar en la cocina, probablemente despertemos su interés por la comida, además de estimular sus capacidades. Que bata los huevos de la tortilla, haga un zumo, mezcle verduras jugando con los colores, se pringue a gusto haciendo hamburguesas o albóndigas…
Todos tenemos platos que no nos gustan, y los niños también: no nos pongamos cabezotas y busquemos alternativas para que encuentre los nutrientes necesarios en otro alimento similar. Si no hay forma de que acepte la verdura, disfrázala en la salsa de tomate de los consabidos macarrones o el arroz blanco. Bien triturada no la notará, aunque se pueden ir dejando algunos tropezones hasta que se acostumbre a no retirarlos.
Si sólo le gustan las pizzas y hamburguesas, adelante: compra las bases hechas, y déjale que prepare la pizza a su gusto, probando con ingredientes nuevos, o prepara tú las hamburguesas con carne picada de calidad. Se pueden hacer hasta hamburguesas de garbanzos, triturándolos junto con apio, cebolla y almendras! La comida china es otra experiencia que suele gustarles, sobre todo si les dejas comer con palillos: en el arroz tres delicias se pueden incorporar trocitos de pollo, ternera, guisantes, verduras…
Desde luego, si en casa observa hábitos alimenticios erróneos, no podemos pretender que el niño coma de todo: si papá y mamá no prueban la verdura o la fruta, poco podemos convencerle de que es muy sana y tiene vitaminas. Prueba a prepararla de manera atractiva, aderezada con algo de azúcar, o helado, o haciendo sorbetes atractivos. Así seguro que hasta nosotros nos chupamos los dedos.
Hay niños a los que la carne se les hace “bola” en la boca, y es imposible conseguir que se coman un filete: prueba con la carne picada, en albóndigas o hamburguesas, y procura que tengan alguna salsa que las haga más jugosas.
Y desde luego, calcula que su pequeño estómago no tiene la misma capacidad que el de un adulto: no se puede pretender que se coma una ración como la nuestra, prueba a utilizar platos de postre para calcular la cantidad adecuada.